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Un viaje relámpago a Fez en Junio de 2009

Alberto, Susana, Carlos y Gemma

aterrizamos en la Edad Media en pleno siglo XXI.

Jueves 4 de junio de 2009: Barcelona ­ Fez

Llegamos al aeropuerto de Girona con tiempo de sobra, y como ya habíamos impreso desde casa las tarjetas de embarque, pudimos ir directamente a la puerta con nuestro único bulto, de menos de 10 kilos, tal y como pide Ryanair. Antes de subir, comprobamos que la maleta, Todo Incluido, pesaba 8 kilos y pico, por lo que respiramos aliviados!

Nadie nos revisó el peso de la maleta, ni que cumpliéramos con los estrictos requisitos de la compañía, pero había montones de carteles explicativos con advertencia, por lo que es mejor no arriesgarse.

El vuelo salió con más de media hora de retraso porque tuvimos que esperar a un pasajero que no llegaba, según nos dijo el auxiliar de vuelo al que preguntamos, ya hartos de esperar dentro del avión. Esto es un cosa que no podemos entender, no puedes llevar tu bolso y la maleta de cabina, pero puedes permitirte el lujo de llegar con más de media hora de retraso!

Después de muchas turbulencias, llegamos a Fez sin más inconvenientes.

Una vez en el aeropuerto, nos hicieron pasar un control para la gripe A, que consiste en pasar por una especie de puerta metálica, si la luz es verde, pasas, si se enciende la roja, te llevan a otro cuarto y desconocemos que hacen contigo!

Automáticamente después hay que pasar un lento control de pasaporte, rellenando un impreso que te dan en el mismo avión.

Con todos los obstáculos salvados, salimos en busca de un taxi.

El aeropuerto de Fez Saïss se encuentra a 12 km (a unos 20/30 minutos) de la ciudad. Hay varios taxis que se te ofrecen, pero sin agobios. La tarifa es fija y consta en un gran cartel, así que no os molestéis en regatear. La tasa oficial es de 120 dh, pero nos cobraron 150, ya que según el taxista, la Medina está mas lejos, y es más caro.

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Después de pasar por la Ville Nouvelle (ciudad nueva) y Fez el-Jedid (Fez la nueva), enseguida llegamos a Fez el-Bali (Fez la vieja). El taxi nos paró en Bab Boujloud o Puerta Azul, una de las entradas a la Medina y nos dijo que nuestro alojamiento estaba hacia la izquierda.

Una vez pasas la puerta Bab Boujloud ya encuentras un cartel de color negro con letras blancas que indica hacia Dar Bouanania y se siguen las indicaciones hasta la misma puerta de la casa, por lo que no hay pérdida.

Fue muy chocante ver las primeras calles de la Medina por las que nos adentramos, con los puestos de carne extendidos y otros colgando a la intemperie, los pollos vivos, los gatos al acecho por si cae algo, el pan, las tortas, las frutas y un largo etc. Es como el mercado del barrio, pero en la misma calle. Y nosotros pasando con nuestras maletas trolley, la verdad, dábamos la nota! jajajaja

DAR BOUANANIA es una casa tradicional marroquí muy bonita y muy bien ubicada, muy cerca de la puerta azul Bab Boujloud y la Madrasa Bouanania. Es un alojamiento con estilo y muy económico, además de ser el único que encontramos disponible por menos de 100 euros la noche, al coincidir nuestra escapada con el Festival de Música Sacra de Fez.

La casa no es muy grande, pero tiene un patio muy agradable y tranquilo, con una decoración muy hermosa y con tres habitaciones en la planta baja. Las dos que quedan una en frente de la otra son las que nos asignaron, ambas con baño en el interior, la otra habitación no tiene baño, hay que usar el que queda debajo de las escaleras que llevan a los pisos superiores y a una terraza con vistas, no demasiado impresionantes, a la medina, repleta de antenas parabólicas.

A simple vista, las habitaciones son muy graciosas, con unas mesitas de noche de hierro forjado y una lámpara de piel de cordero, fabricada artesanalmente. Ambos elementos de decoración los veréis a cientos en los puestos de la Medina. En cuanto pasas un rato dentro de la habitación, empiezas a notar la humedad del ambiente, hay tanta, que la pintura de las paredes se descascarilla con solo tocarlas y las sábanas parece que estén mojadas! El baño ha vivido tiempos mejores, pero esta limpio, que es lo que importa. No hay que olvidar que la habitación vale al cambio, menos de 40 euros la noche!

Una vez acomodados, decidimos ir a ver los archiconocidos curtidores de Fez en Place des Tanneurs.

Mapa en mano, recorrimos una de las arterias principales de Fez: Tala'a Kbira, hasta llegar a la zona de los curtidores, donde seguro os encontrareis con algún vendedor/captador que os ofrecerá su terraza con vistas. El primero que captó nuestra atención, nos dijo que no nos iba a cobrar nada, que su terraza era de la cooperativa de cuero y que era gratis, así que subimos. Lo sorprendente era que no olía demasiado, era perfectamente soportable por no decir casi imperceptible, suponemos que en pleno verano, con el calor, olerá más. Desde esa terraza se podían observar las tinas y a los trabajadores, de manera lateral, hicimos varias fotos hasta que amablemente nos echaron.

La siguiente terraza que nos ofrecieron era de otra tienda, mejor preparada y con mejores vistas, ya que estaba situada justo de frente, donde hicimos montones de fotos mientras el vendedor nos explicaba todo proceso: primero se escogen de las pieles, luego pasan aproximadamente una semana en una tina con cal y excremento de paloma, para obtener el amoníaco y eliminar los posibles restos de piel y pelo, después toca el proceso de coloración a las tinas de tintes con productos naturales 100%: el amarillo a partir del azufre, el rojo de las amapolas, el verde de la menta, el marrón de los dátiles, el moratón del apreciado índigo, impresionante pensar que están usando las mismas técnicas que en la Edad Media.

Los curtidores están realmente dentro las tinas, no es un mero reclamo turístico, y con sus movimientos ayudan a que los colores sean uniformes.

Finalmente, el proceso de secado en las terrazas colindantes, previo a la elaboración de las piezas de artesanía.

Una vez satisfechas nuestras expectativas del viaje, tomamos el camino de vuelta. Nos desconcertó un poco notar que las calles estaban muy empinadas, no nos dimos cuenta al bajar que había tanta pendiente!

Paramos en la zona de la puerta azul a tomarnos un revitalizante zumo de naranja por 12 dirhams, en la terraza del segundo piso (tiene 3) del restaurante Le Kasbah. El restaurante tiene un emplazamiento inmejorable, con vistas tanto a la Medina, con sus minaretes, los tejados y sus antenas parabólicas; como a la puerta azul, que esta animada a todas horas, de día y de noche, con sus cafés, restaurantes, puestos dispersos, algún hotel y el ir y venir de la gente.

Tomarse solo una bebida es más caro, proporcionalmente, que una cena entera y así lo pone en la carta, pero el sitio es bastante limpio y valen la pena ambas cosas.

Para la cena nos decantamos por el famoso Café Clock por la cercanía a nuestro Dar y por las buenas críticas del Tripadvisor. El restaurante está situado en una de las calles estrechas a las que se acceden desde la principal, un poco laberíntico y oscuro, pero una vez entras te espera una agradable sorpresa, es un sitio muy bonito, bien decorado al estilo marroquí, espacioso y tranquilo. Los precios son un poco elevados pero claro, pagas el sitio. Pedimos dos hamburguesas de camello al estilo del restaurante y con guarnición y dos couscous Boohaloo con pollo, cebolla caramelizada, almendras, pasas y albaricoque, acompañado con su caldito tradicional. Para beber 3 cocacolas y un zumo de naranja, todo por 440 dirhams.

Nos fuimos derechitos a dormir e intentar descansar en la cama, casi mojada, del Dar.

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Viernes 5 de junio de 2009: Fez

El día anterior encargamos el desayuno en el Dar, que lo sirven a partir de las 9 de la mañana. El precio del desayuno es de 20 dirhams por persona y consiste en una baguette en tres trozos, un quesito, mantequilla, mermelada, un bizcocho suavecito y café o té. Nos pareció un poco justo por el precio, pero al servirlo en el patio del Dar, pues tiene su encanto.

La primera visita del día fue la Madraza Bou Inania. Cobran una entrada de 10 dirhams por cabeza, al cambio, menos de 1 euro. La Madraza es el mejor ejemplo de la arquitectura islámica, con paredes de madera elaboradamente esculpidos con motivos geométricos y caligrafía árabe y un hermoso minarete. En el patio, con suelos de mármol y ónice, hay un pórtico con una sala de rezos que hace las funciones de mezquita con almimbar (púlpito) y alminar, separado del patio por un pequeño foso, y a la que no se puede entrar. Es un de los edificios religiosos islámicos a los que permiten entrar a los no musulmanes, pero solo dejan pasear por el patio y el claustro, pues los pisos superiores y el minarete están cerrados al público.

Después de la visita a la Madraza pusimos rumbo a la plaza el-Nejjarine para visitar el Fondac el-Nejjarine que alberga en su interior el Mesée du Bois (Museo de la Madera). Este edificio fue construido en el siglo XVIII y hacía las funciones de caravansar para los comerciantes de artículos de alto postín que llegaban del interior del país. La UNESCO lo ha declarado patrimonio de la humanidad y su restauración ha costado 25 millones de dirhams marroquíes. En la azotea hay una terraza con vistas a la Medina y un café donde nos sentamos a tomar un delicioso y fresquito zumo de naranja por 10 dirhams cada uno, una gozada!

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A la salida nos quisieron enseñar una curtiduría de una pequeña cooperativa con otra terraza preparada para tal efecto y a la salida, visitamos otra cooperativa con fulares y otros artículos de seda natural, realmente bonitos y vistosos, pero como no compramos nada, les dimos unos dirhams.

Vimos como los comerciantes iban cerrando sus puestos y en un momento quedó casi toda la calle principal vacía.

Buscamos la Mezquita Karaouiyine y nos la encontramos repleta de fieles, pues coincidió nuestra incursión en viernes, día sagrado para el Islam, y en hora de rezo. Desde las puertas de acceso se puede echar un vistazo y se puede ver los grande e ilustre que es. El patio es precioso y esta pavimentado con 50.000 azulejos zellij, fabricados para el suelo de la mezquita.

Muy cerca se halla la Madraza Attarin, que está cerrada por restauración y no se puede visitar. Así que pusimos rumbo al barrio andaluz, acompañados por un niño que nos llevó hasta la Mezquita Andaluza. El barrio estaba bastante desierto y casi todos los comercios estaban cerrados, así que no pudimos ver su verdadero ambiente.

El día anterior ya lo habíamos visto y nos enamoró, así que decidimos comer en Dar Saada en la calle Attarine, una prolongación de Talaa Kebira, una de las calles principales de la Medina y de las más transitadas. Desde la puerta que da a la calle ya se ve precioso. Se trata de un palacio del siglo XIV y ha mantenido el aspecto actual desde 1946, en plena época de colonización francesa. En 1986 se llevó a cabo un importante proceso de restauración y hoy en día se pueden admirar los bellos mosaicos, mármoles, maderas nobles, lámparas y otros trabajos artesanales tan característicos de la arquitectura y artesanía marroquí. La carta es muy cara pero escogimos uno de los menús que ofrecen por 150 dirhams por persona, bebida a parte, que consiste en un entrante a base de diferentes platos de ensaladas típicas marroquíes, incluidas unas lentejas muy sabrosas. Lo acompañamos todo con pan tipo pita.

De plato principal pedimos un couscous de pollo, Kafta (albóndigas) y dos Tagines de pollo. Nuestra sorpresa fue que solo nos trajeron 3 recipientes, uno de ellos, según las indicaciones del camarero, era para dos personas! Bueno, por que él lo diga, ya que eran dos muslos de pollo muy pequeños con un poco de verdurita. Menos mal que el couscous si era una ración hermosa y comimos todos! El postre también fue un poco timo, ya que nos trajeron una fuente con naranjas y albaricoques. En fin, para terminar, pedimos 2 cafés y un té, más que caros, carísimos! El total de la cuenta ascendió a 720 dirhams, una pasada! Por lo menos nos hicimos varias fotos ya que el sitio es divino. Nos hubiera gustado alargar un poco más la sobremesa pero pararon la música y nos echaron educadamente.

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Orientarse en la Medina no nos resultó difícil, hay algunos hitos básicos que se pueden utilizar para moverse por sus calles y hay varios caminos marcados con signos de diferentes colores en las paredes. Estos signos son estrellas de 8 puntas, dispuestas de tal forma que te guiarán entre los principales lugares de la medina. Si te pierdes, sólo tienes que buscar uno de estos signos y seguirlo en cualquier dirección hasta llegar a uno de los mapas con indicaciones por colores/zonas a visitar de la Medina o preguntar a alguien, siempre estarán dispuestos a guiarte a cambio de unos dirhams.

Tomamos el camino de vuelta y fuimos al Dar a descansar un ratito los pies. Cuando me quite las sandalias me percaté que tenía los pies negros como el carbón y, aún lavándomelos con agua caliente y jabón, no se acabó de ir lo negro. Una vez en casa tuve que usar piedra pomez para hacerlos limpios! jajajaja

Después de un merecido descanso en el Dar, pusimos rumbo a Fez el-Jedid. Rodeamos las murallas, ya que había un escenario para los conciertos de la noche, que no nos permitió atravesarlas. Las murallas están en su mayoría restauradas pero se han adueñado de ellas cientos y cientos de pájaros, que han hecho sus nidos entre los huecos y sobrevuelan la plaza de Boujloud, casi como en la película de Alfred Hitchcock.

Tras un largo paseo llegamos a la enorme Place des Alaouites donde se halla la magnífica puerta de Dar el-Makhzen, el palacio real de Fez. Es una puerta imponente, fastuosamente decorada y es digna de ver.

Para ver caer la tarde, volvimos a escoger la terraza de Le Kasbah, donde vimos pasar algunos platos con un pinta bastante buena y decidimos volver más tarde para cenar.

Antes de ir a cenar tuvimos un pequeño contratiempo con la cerradura de la habitación: La llave no salía ni giraba, estaba trabada, y el conserje, martillo en mano, intentó arreglarlo, pero no hubo forma y tuvo que venir un cerrajero. La casa tiene tanta humedad que las puertas de madera están un tanto rebufadas y para cerrarlas hay que hacer mucha fuerza, por lo que las cerraduras no resisten a tantas embestidas!

Una vez la cerradura repuesta, fuimos a cenar a Le Kasbah Restaurant donde probamos las brochetas mixtas, algo picantes, pero sabrosas y con guarnición de patatas caseras deliciosas; el tajine, muy rico y bien cocinado; el te a la menta y el zumo de naranja riquísimos y nada caros. Las galletitas marroquíes (kaab ghzahl) que sirven como postre son de almendras, muy sabrosas!

 

Sábado 6 de junio de 2009: Fez ­ Barcelona

Decidimos desayunar en una de las terrazas de la Medina y elegimos el Café Fassi en la calle Tala'a Sghira, muy cerca de la puerta y la Plaza Bab Boujloud. Por menos de 20 dirhams por cabeza nos sirvieron un copioso desayuno, con zumo de naranja recién exprimido, pan, mermelada, tortilla con queso, crep o una especie de pan de harina de maíz (mirar foto) y café con leche o té.

Les encargamos unos bocadillos de tortilla para llevarnos al aeropuerto, ya que la comida de Ryanair es muy cara y el aeropuerto de Fez es un poco espartano, y no estábamos seguros de encontrar allí algo para comer, también compramos algo de fruta para el camino.

Desde el Dar se encargaron de llamarnos un taxi que nos llevó a ver las vistas desde el Hotel Merinides, situado en una colina y desde donde se puede contemplar toda la Medina desde Fez el Bali a Fez-el Jedid, rodeadas de las murallas, digno de ver.

Desde la ciudad al aeropuerto la tarifa de taxi es de 150 dh, pero el listo del taxista nos quería cobrar 300, le dimos 250 un poco por pena, por el tour, pero indignados a la vez!

El vuelo de Ryanair volvió a llegar tarde a Fez y al fin volvimos a casa, pero no sanos y salvos, ya que nos llevamos de regalo una pequeña colitis de Fez que nos afectó a los 4!!! jajaja

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dolcos
Fez
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