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Nuestro viaje a Eslovenia del 5 al 12 de Mayo de 2009: Rossend, Carmen, Carlos y Gemma visitamos un país con mucho encanto y desconocido para el turismo de masas, una gozada! |
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Martes 5/5. Barcelona - Venecia Ljubljana Llegamos a Venecia con un vuelo muy placentero de Vueling y nos dirigimos a recoger el coche de alquiler con Autoeurope y tras varios intentos fallidos de cobrarnos los 600 euros de depósito y pagar 63 euros para no tener franquicia, al fin, nos entregan un Citroën Xsara Picasso muy amplio, nuevo y confortable. A las 12:55 ya estamos camino de Eslovenia pero encontrar la Autostrada (autopista) dirección Trieste es un poco complicado y bastante lioso, finalmente lo logramos con éxito. Al cabo de una hora y pico pensamos que deberíamos parar para comer, pero el Autogrill que vimos en la autopista italiana no nos convenció y decidimos buscar otro sitio menos, por llamarlo de algún modo, artificial, pero casi morimos en el intento pues no encontrábamos nada, sólo las típicas cafeterías de carretera. Con el estómago apremiando, paramos en la primera gasolinera eslovena que encontramos ya que, en la frontera no hay nada de nada, tiene más bien pinta de ciudad fantasma. En la gasolinera topamos con dos autocares españoles que iban llenos de rumanos en dirección a su país, cosa que deducimos al ver el cartel de España-Rumania-España en el cristal delantero del autocar. Compramos la Vignette para coches y nos clavaron 35 euros, eso si, vale para medio año. Como nuestro coche tiene señales inequívocas de una antigua Vigente arrancada de cuajo del cristal delantero, la pegamos con celo al cristal para llevarla de vuelta a casa, para quien la pueda aprovechar!!! Nuestro estómago ya se estaba quejando en firme y nosotros andábamos más que arrepentidos por haber descartado el Autogrill italiano, cuando de pronto, como un espejismo en medio del desierto (el hambre hace cosas raras....), apareció ante nosotros un maravilloso supermercado-restaurante llamado: Marché. Con un estilo muy original y una decoración muy cuidada y limpia. Pudimos escoger unos apetitosos platos de un bufet del que no entendíamos ningún nombre pero con una pinta excelente. Comimos platos típicos eslovenos y un postre que se comía con la vista. Enseguida llegamos a Ljubjana y el GPS nos dejó en la puerta de nuestro alojamiento: Slamic B&B |
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Aparcamos nuestro Picasso en el parking gratuito del B&B y nos subieron las maletas al segundo piso. Comprobamos que las habitaciones eran tal y como las esperábamos: una decoración exquisita y cuidada, cama comodísima, caja fuerte, secador de pelo, TV plana y WIFI funcionando, pero la vistas desde la ventana daban a una enorme pared del edificio colindante, por lo que no nos volvimos a asomar. Salimos preparados para tomar el primer contacto con la ciudad. A cinco minutos escasos de nuestro B&B encontramos ya el puente triple y nos dirigimos a la oficina de turismo que en el mes de mayo abre de 8 a 19h. Pedimos un mapa de la ciudad para no perdernos, cosa poco probable pues el centro es muy pequeño y todo está alrededor del río Ljublianicka. Le pedimos también alguna recomendación sobre restaurantes de comida eslovena y con horario apto para españoles y nos marcó unos cuantos en el mapa. Después de todo un día nublado y encapotado, la tarde quedó maravillosa con una luz estupenda para hacer fotos y deleitarnos con la tranquilidad de la capital eslovena. La Presernov Trg estaba realmente animada y las terrazas alrededor del río muy concurridas, llenas de gente joven y guapa. Para cenar nos decantamos por uno de los Gostinas que nos habían recomendado en la misma oficina de turismo y en nuestra escueta guía de Eslovenia también la recomendaban: Golstilna Sestina. El restaurante tiene varios salones con una decoración muy sugerente y cuidada, donde nos tomamos una cena demasiado copiosa que no pudimos terminar. Nos ofrecieron un aperitivo a base de jamón, olivas (Kraški pršut z olivami) y quesos variados con paté (Slovenski Siri s Sadnim Kruhom) muy caro, casi 14 euros!, que nos quitó el hambre para afrontar unas enormes ensaladas servidas en sendas palanganas y unos platos principales gigantescos y muy, muy abundantes que llegaron todos juntos y ya nos agobiamos con tanta cosa, una verdadera lástima. Con lo que nos había costado descifrar la carta, en cuatro idiomas, y tan extensa! Como no queríamos ni pasta ni pizza nos decantamos por comida típica eslovena: una sopa de verduras casera y deliciosa (Zelenjavna juha), ensalada del tiempo (Sezonska solata) que la sirven con alubias oscuras, un enorme bistec empanado a la Liubianense (Ljubljanski zrezek s praženim krompirjem), las dos ensaladas (Piščančja solata z gorgonzolo) con pollo y queso gorgonzola y para colmo, un enorme plato con diferentes tipos de carne y salchichas (Kmecka Pojedina). En Eslovenia las ensaladas no son considerados como primeros platos, los traen junto a los platos principales, con lo cual aprendimos la lección para las próximas veces y pedirlas a nuestro estilo. Al camarero no le sentó demasiado bien que dejáramos tanta comida en el plato pero realmente no pensábamos que los platos fueran tan espléndidos, por lo que recomendamos el restaurante 100% pero para comer o pedir menos cantidad. La cuenta ascendió a 65,30 euros, nada caro por la calidad/cantidad. |
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Miércoles 6/5. Ljubljana "la bien amada" Después de una plácida noche de sueño reparador en la magnifica cama del B&B nos esperaba un escueto desayuno, aunque con zumo de naranja natural, pero poca variedad en el resto: Había una bandeja con diferentes tipos de panes, una tostadora, mantequilla y mermeladas, nutela, paté, café, leche y té. Un poco escaso, por el precio que pagamos en del B&B, 95 euros por noche. Allí conocimos a una chica de Washington D.C. con la que entablamos una breve conversación y nos explicó que había estado alojada en la misma pensión de Bled a la que iríamos nosotros al día siguiente y había quedado encantada con los propietarios y con la casa. Hablaba un poquito de español ya que había estado unos 5 meses en España, menudo viaje! Salimos dispuestos a conocer por completo el casco antiguo de la ciudad, era temprano y el cielo no estaba todo lo despejado que esperábamos pero prometía. La primera parada fue para tomar un delicioso y barato (1,20 euros) capuccino en la terraza de un Bar situado en justo frente del Teatro de Ljubljana y el teleférico que, por el módico precio de 1,80 euros, sube al Castillo (Ljubljanski grad) dominando toda la ciudad antigua desde una colina. El castillo desde abajo se ve muy bonito, aunque la torre la encontramos en obras y el andamio afeaba un poco la panorámica. El viaje con el teleférico compensa, ya que la cuesta es muy empinada, pero en realidad el castillo no tiene mucha cosa, un par de terrazas con sillas de lujo, la Capilla de San Jorge (Sv. Jurij) que está decorada con los coloridos escudos de armas de los Carniola y la Torre, que nos la encontramos cerrada por obras. Las vistas desde el castillo son curiosas pero no espectaculares, pues la vista bonita del casco antiguo que rodea el río queda tapado por los frondosos y densos árboles eslovenos. Una vez visto, bajamos por el camino que lleva directamente a la Catedral de San Nicolás (Stolnica, Cerkev sv. Nikolaja) que es preciosa, con unos frescos bellísimos en su interior y una puerta principal hecha de bronce con un relieve que representa los 1.250 años de cristianismo en el país, incluido el fallecido papa de Roma, muy bien logrado y bastante impresionante. En frente hallamos el mercado central o Trznica, una de las obras más importantes de Plecnik. Más que un lugar destinado al comercio de alimentos, el edificio parece un palacio noble construido expresamente para acoger suntuosas fiestas. Bajo su alargada columnata neo clásica se ofrecen todo tipo de productos del campo esloveno, vino del país, conservas, comida para llevar, ropa bisutería y, cómo no, artesanía hecha en madera, cristal y algunos souvenirs. Otro lugar de abastecimiento muy popular se encuentra en la plaza Vodnikov, junto al río Ljubljana, donde se exponen verduras y frutas frescas, plantas, semillas y preciosas flores frescas. Justo al lado de la columnata hay toda una serie de panaderías comunicadas entre si con unas deliciosas tentaciones dulces y saladas como los burek de carne, queso o pizza, que te los calientan el un microondas y están de muerte! |
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Para comer nos sentamos en la terraza de un restaurante Griego: Okepcevalnica Ati, que situado en Stari trg, 28. La comida no fue nada memorable pero no estuvo mal del todo. Quisimos tomarnos un helado en una de las terrazas de la Plaza Presernov sentados en cómodos sofás con cojines rojos viendo el ir y venir de las gentes de la ciudad. La tarde parecía que estaba un poco tristona y fuimos un rato a descansar los pies al hostal. Volvimos por el parque Tivoli donde estaban celebrando una mega-fiesta muy ruidosa. Paralelamente a la calle Slovenska Cesta se encuentran algunos edificios importantes, como la embajada de EEUU que impresiona, por la seguridad y la cantidad de banderas que ondulan en su fachada! Una vez recuperados, fuimos a ver caer el sol en la Plaza Presernov y el puente Triple, el Puente de los dragones, con cuatro dragones que guardan las esquinas del puente Zmajsk, es muy bonito al atardecer, donde los rayos bajos del sol le dan una luz especial, al igual que las orillas del río Ljubljanica, llenas de terrazas, puestos de helados, tenderetes de artesanía y gente joven y guapa por todas partes tomándose algo a la intemperie. Más tarde, tomamos la calle principal, Slovenska Cesta llena de tiendas de moda y marcas italianas. Llegamos hasta el barrio de Krakovo, adornado con unas casitas muy monas, era como una urbanización dentro de la ciudad y donde pudimos ver un enorme huerto urbano que nos sorprendió mucho. Seguimos el agradable paseo hasta la Kongresni Trg, una de las plazas más conocida y transitada de Eslovenia y la increíble Univerza v Ljublani (Universidad de Ljubljana), que está al lado de la plaza anterior y que parece un museo. Se acercaba la hora de cenar y nos decantamos por un sitio que estuviera cubierto, ya que la temperatura no invitaba a sentarse en ninguna terraza. Escogimos el famoso restaurante Sokol, que es enorme, tiene dos plantas y varios salones, con una decoración estilo tirolés, incluso los camareros van con traje tradicional. Nos dejamos aconsejar por el camarero y comimos estupendamente. Volvimos dando un agradable y breve paseo al hostal para preparar las maletas para tomar rumbo a Bled al día siguiente. |
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Jueves 7/5. Ljubjana Škofja Loka - Garganta Vintgar - Bled La primera parada estaba a tan solo 23Km (33 min, según Vía Michelín, jajajaja) de Ljubjana: la población medieval de Škofja Loka, de la que sobresale el castillo y el campanario de la iglesia. El GPS se volvió loco y lo apagamos. Eslovenia no puede presumir precisamente de exceso de señalización, así que íbamos siguiendo las pocas señalizaciones, cabe destacar que en la mayoría de cruces no hay ninguna señal, por lo que el sentido común te hace seguir recto no? Pues en Eslovenia eso no funciona, después de perdernos varias veces y casi una hora después, llegamos al pueblecito. Al menos la divina providencia nos hizo encontrar un hueco para aparcar en las puertas del casco antiguo y gratis. Tras cruzar el puente para acceder al casco antiguo, pedimos un mapa del pueblo y pasear por su calle principal, la Mestni trg, repleta de casas medievales hasta el final, que lleva al Castillo, al que no subimos. En frente del hotel situado en la misma plaza se percibe un olor a pan y pasteles recién hechos que embriagan, si sigues a tu olfato llegarás a una sencilla panadería con gran cantidad de delicatessen. Tomamos un apetitoso capuchino, ya se estaba convirtiendo en costumbre, acompañado de un Burek, otro regalo para los sentidos, riquísimo. Después de tan relajada visita, tomamos rumbo a Jesenice hacia la Garganta de Vintgar, situada a 7 km de Bled. Ya desde la autopista está la señalización de Vintgar, pero una vez en la salida ya no es tan sencillo, pues las señalizaciones siguen siendo escasas. Tiramos rumbo a Bled y en un cruce, bingo, un cartel marrón señalando Vintgar hacia la izquierda. Llegamos a un pueblecito y preguntamos en un bar, pues no sabíamos si íbamos bien, se rieron, pues era todo recto. Llegamos a un parking con 2 edificios que vendían flores y un parking gratuito, en frente vimos un camino de grava con un pequeño indicador de madera que señalaba las gargantas. Al ver un Fiat punto que iba y al rato volvía, pensamos que sería un camino peatonal y nos dispusimos a andar. Después de 15 minutos de caminata, no había indicio de las taquillas, solo una pequeña presa y un río, por lo que dedujimos que íbamos bien, pero el camino seguía y tras 5 minutos más, por fin, se abrió el camino a un pequeño parking de grava, con un solo coche, (el camino SI era transitable en coche!) y una larga y empinada escalera que conducía por fin a la taquilla. Por el módico precio de 4¤ por adulto y 3¤ estudiantes, (no nos pidió ninguna identificación de estudiantes) vimos una cascada preciosa con arco-iris incluido sobre la que se encuentra un puente de madera sobre la que se pueden hacer fotos fenomenales. La garganta se recorre por un sendero y varios puentes y pasarelas hechas de tablas de madera. A los lados de este camino baja un río de aguas cristalinas con tonos verdes esmeralda, describiendo varias cascadas menores y rápidos. La garganta, llena de vegetación, es un lugar imprescindible para visitar si te encuentras en la zona y uno de los espacios naturales más bonitos del país. Una visita altamente recomendable. El camino de ida nos llevó unos 45 minutos, entre foto, video y deleite paisajístico. A la salida por el otro lado vimos que el parking aquí era de unas dimensiones considerables, con un llamativo restaurante y menos agreste que la entrada por la que habíamos accedido, pues estaba todo asfaltado y con 2 autocares estacionados. El camino de vuelta por la garganta la hicimos casi corriendo, pues el hambre ya apretaba, y solo tardamos un cuarto de hora, aún cruzándonos con un grupo de toureros. Deshicimos el camino de grava y con un sol de justicia, llegamos al coche y nos percatamos que habíamos aparcado delante de un tanatorio! De ahí las tiendas de flores! Al salir vimos el cementerio! Si podéis, evitad esta entrada a las gargantas y entrad por la más próxima a Bled, que están mejor preparadas! |
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Proseguimos rumbo a Bled y no encontrábamos ningún restaurante en el camino, así que decidimos ir al que habíamos visto en las gargantas, que tenía muy buen aspecto y acertamos 100%. Con las pilas repuestas, llegamos a Bled, la tarde estaba preciosa y decidimos subir con el coche al castillo medieval de Blejski, el más antiguo del país, del S. XI. Las vistas al lago que ofrece este castillo ubicado encima de una gran roca en lo alto de una colina, merecen el alto coste de la entrada (7 euros, 6 euros los estudiantes), no tanto el castillo en si, el cual está bien cuidado, tiene una cafetería y un restaurante y un curioso museo, donde vimos una ventana con doble pórtico con una fantástica estampa de la isla del lago! Divino! En el patio del castillo nos topamos con un grupo de teatro que estaban ensayando una representación vestidos de época, un baile con música medieval y una lucha con espadas, fue muy peculiar y el entorno acompañaba a dejar volar la imaginación. Después de un montón de fotos del Lago Bled y de la isla fuimos en busca del hostal. En Bled, los alojamientos están bien indicados, así que llegamos sin dificultades a Garni Pension Berc dónde pasaríamos las siguientes 3 noches. El hogar de los Berc es encantador. El edificio principal data de 1848 y cuenta con una pequeña recepción, el comedor donde sirven los desayunos y una sala para los huéspedes con un PC y wifi gratis. En otro edificio adjunto están las habitaciones, son sencillas pero amplias, cómodas y bien equipadas, con caja fuerte y una terraza. Cuenta además con parking gratuito y un garaje con bicicletas para el uso y disfrute de los anfitriones. Aqui podeís leer las críticas de Tripadvisor Después de acomodarnos dimos una vuelta de reconocimiento por el centro de Bled y nos sorprendió lo pequeño y relativamente poco explotado que está, hay muchísimos grandes hoteles pero pocas tiendas, tal como las conocemos aquí, en un sitio que cuenta con una tradición turística desde el siglo XIX. Lo que más nos apetecía en ese instante era degustar la célebre tarta eslovena hecha de crema y nata (kremšnita) en una terraza a la orilla de lago. La tarta es de textura muy suave y nada empalagosa, por lo que nos sentó de maravilla, el precio fue un poco excesivo: 2,5 euros, pero tomada en un enclave tan idílico, vale la pena. Para hacer bajar la tarta y coger hambre para comer dimos otro paseo para buscar un restaurante para cenar. Después de ver varios sitios con precios más elevados que en la capital nos decidimos por Union. Al entrar vimos que estaban tocando un piano en directo y los salones eran bastante hermosos, al instante pensamos que nos iban a clavar pero los precios de la carta eran similares a los que habíamos visto. Pedimos unos primeros y un plato principal y una copa de vino exquisito. La cena no fue nada del otro mundo, sobretodo la sopa del día que fue un poco timo: escasa y con ensaladilla, pero la carne estaba muy bien hecha. |
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Viernes 8/5. Bled Cascada Peričnik - Paso Vršič - Bled La mañana nos tenía reservada una pequeña sorpresa: un asombroso desayuno! Los Berc te ofrecen te o café recién hecho, un amplio bufet de salados (incluido jamón curado ahumado delicioso), dulces, panes, mermeladas, zumos, fruta y manteca de cacahuete. Un regalo para nosotros! Salimos bien satisfechos de Bled dirección a Kranjska Gora por nacional y autopista. Camino a Kranjska Gora, nos desviamos a Mojstrana, nos metimos en una pequeña carretera, atravesamos el pueblo y seguimos recto, sin rumbo definido, para variar. Está situada en lo que queda de un antiguo valle glaciar por donde ahora pasa el río Vrata, al lado mismo discurre la carretera, por la cara Norte de los Alpes Julianos y del Triglav. En el Km nº 6,5 de la carretera nº 908, 1383 hay un pequeño parking, a la derecha de la carretera ya se puede ver la Cascada de Peričnik. Subimos por el empinado sendero hasta los pies mismos de la cascada, y aunque sigue hacia arriba, paramos justo hasta casi tocar la caída de la cascada con su arco iris, donde la panorámica es sensacional. Deshicimos el camino para ir a Kranjska Gora, un típico pueblo alpino y el más grande del valle del río Sava. También es un importante centro de deportes invernales mundialmente conocido, con sus casitas de madera tan características del país, con flores y muy, muy cuidado. Como era la hora de nuestro capuchino, nos sentamos en una pequeña terraza con vistas a las preciosas montañas y deleitándonos con un excelente café Lavazza tomando el solecito tan a gusto! Desde Kranjska Gora tomamos rumbo al paso de Vršic, de camino encontramos varios carteles donde ponía que estaba abierto! Teníamos miedo por la nieve, pero no hubo ningún inconveniente. El paso de Vršič se encuentra a 1.611 metros de altura, es un carretera de 50 curvas numeradas, mayormente adoquinadas, en forma de U, aunque algunos carteles están rotos o caídos por la cantidad de nieve que hay. Subiendo hacia el paso de Vršic, hay muchos descansos para contemplar la majestuosidad de la cara Norte del Triglav. Las vistas son increíbles, te quedas fascinado conforme vas subiendo. Al poco rato de la ascensión, nos encontramos con un singular monumento de la época de la Primera Guerra Mundial: la Russian Chapel, construida en 1917 por los prisioneros rusos que los austriacos emplearon en su construcción, entre 1915 y 1916, buscando un acceso rápido al Valle del Soca, al otro lado del paso de Vršic. Se construyó para honrar a los compañeros que murieron durante la construcción de la carretera, especialmente tras un alud que se llevó por delante a cerca de 300 prisioneros y también muchos guardias. La carretera está prepara para ir haciendo paradas en los sitios ³estratégicos² para tomar buenas panorámicas, las vistas son fantásticas y el tiempo no podía ser mejor, pues no hacía nada de frío y el sol estaba radiante. Mientras ascendíamos vimos a varios ciclistas con el coche del equipo detrás y con música tirolesa a todo trapo! Hay que tener auténtico valor y preparación física para subir esta carretera. Ya finalizando, en la curva nº 48 encontramos la Ajdovska deklica o cara de una doncella en la roca. Dice la leyenda que las doncellas Ajdovska predecían la suerte de la gente de Kranjska Gora en el momento de su nacimiento. También les decían cuando debían de plantar sus cosechas para que fueran más fructíferas y que hierbas debían comer si enfermaban. Pero una vez, una de ellas predijo que el hijo de un cazador mataría al Golden Horn, una gamuza o cabra salvaje de los Alpes que tenía los cuernos de oro. Cuando la profecía se cumplió, las demás doncellas se enfadaron y se marcharon no sin antes castigarla convirtiéndola en roca. Habíamos visto varias fotos de la famosa roca y una vez en el sitio, no supimos distinguir la famosa cara en la roca, solo un pequeño triángulo de roca de tono más claro, suponemos que se distingue mejor según la luz y conforme íbamos bajando, el cielo se fue encapotando y no había la misma luz que al principio. Una vez acabado el paso de Vršic, la carretera discurre al lado del curso del río Soca, que nace en la cara oeste del Triglav y es de un azul turquesa muy brillante, de color más intenso en las zonas donde hay más caudal de agua, y hace el recorrido muy agradable. Justo al lado del pueblo de Soča, a pie de carretera, encontramos una indicación a Velika korita, el Cañón Grande del río Soca que dicen que tiene 750 metros de longitud, 15 metros de profundidad y en las zonas más estrechas tiene tan sólo 2 metros de ancho. Para acceder tuvimos que cruzar un puente de madera y hierro que se tambaleaba más como más avanzabas, lo cruzamos casi sin mirar y acompañados del va y ven que marca, con el río turquesa debajo. Avanzamos un poco por un sendero, no demasiado preparado para ello, hicimos algunas fotos y volvimos a la carretera. Era la hora de comer y paramos en un restaurante al que se accedía desde la misma carretera, con una agradable terraza con vistas al río. Nos desviamos antes de llegar a Bovec y tomamos dirección a Tarvisio, en Italia. Tuvimos que atravesar un puerto de montaña muy bonito, aunque con varios cortes por obras. Vimos la construcción de un enorme puente que ahorrara mucho tiempo y curvas en un futuro próximo. Llegamos hasta Italia y rodeamos un trozo del lago del Predil que se ve precioso, rodeado de montañas y parece muy sosegado. Seguimos hacia Tarvisio, nos desviamos de nuevo hacia Eslovenia y el valle donde está Kranjska Gora y volviendo de nuevo a Bled. Descansamos un poco, nos pegamos una ducha reparadora y fuimos en busca de la cena. Seguimos la recomendación de nuestro casero y andamos un poco hasta llegar a la Gostilna Pri Planincu que, según Tripadvisor, este lugar es una bendición en Bled. A diferencia de los restaurantes de Bled este restaurante es excelente por su relación calidad-precio, las porciones son grandes y los precios razonables. Y tienen toda la razón! Si entras por la puerta principal se accede al bar, con el techo repleto de matrículas de todo el mundo, algo claustrofóbico, pero original. Al fondo está el salón con decoración rustica y la terraza exterior. La carta es extensa en su justa medida y en varios idiomas, por lo que no hay dificultades para pedir. Dormimos a pierna suelta de nuevo en Garni Pension Berc |
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Sábado 9/5. Bled Lago Bohinj - Bled El último día lo habíamos reservado para estar tranquilos en Bled, disfrutar del lago, de su isla y hacer fotos, pero amaneció realmente feo, gris y nublado, aún sin llover por suerte! Después del estupendo desayuno, fuimos rumbo a Bohinj, a 26 km al suroeste de Bled. Llegamos al Lago Bohinj (Bohinjsko Jezero), que es el mayor lago de Eslovenia y cuenta la leyenda que fue creado de las lágrimas cristalinas de una divinidad de la montaña. Es un enclave tranquilo y oculto entre frondosos árboles y varios caminitos para pasear. En el centro hay varias opciones para actividades, kayaks, barcas y un barco turístico de dimensiones considerables, aunque cuando pasamos estaba bastante muerto. Continuamos por la misma carretera que lleva hasta la cascada Savica. Hay un parking de pago pero como no había vigilante y prácticamente estábamos solos, nos hicimos los turistas despistados. De donde no nos escapamos fue de los 2,40 euros por adulto que vale la entrada. Para acceder a la cascada, no queda más remedio que subir la montaña por más de 500 escalones, aunque merece la pena, ya que cuando llegas al final te espera el estruendo de la caudalosa cascada, con más de 60 metros de caída. Habíamos visto fotografías de otros viajeros, pero no con tanta agua, suponemos que por la época en la que estábamos, todavía con el deshielo en marcha. La cascada salpicaba tanto que te mojabas! El cielo nos quiso regalar un claro de sol que hizo que apareciera un maravilloso arco iris, aunque muy breve. Como el cielo seguía cubierto de nubes, descartamos la subida al monte Vogel en teleférico y nos dirigimos a los pueblos de Stara Fuzina y Studor, donde se puede ser testigo de una forma rural de vida que ha desaparecido en la mayoría de los lugares de Europa. Volvimos a Bled para comer y después de un delicioso capuchino cogimos la bicis del garaje del B&B para dar un paseo alrededor del lago de Bled. Rodearlo por completo nos llevó una hora o un poco más, ya que hicimos varias paradas para deleitarnos con las vistas de la isla y el castillo desde la orilla del lago, con los Alpes Julianos formando una muralla a su alrededor, lo que hace que cualquiera tenga la sensación de haber hallado un pequeño, pero inigualable tesoro. En algunos de los rincones los mosquitos parece que vengan en caída libre a atacarte, así las paradas deben ser breves, recomendamos llevar repelente para mosquitos. Después del agradable paseo devolvimos las bicis y descansamos en la terraza de la habitación hasta la hora de la cena. Volvimos a escoger nuestro Golstina favorito y volvimos a cenar genial y bien de precio. Volvemos al hostal a dormir, aun sin tener mucho sueño, ya que el día fue tranquilo y sosegado. |
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Domingo 10/5. Postojna/Predjama - Koper El día amaneció espectacular, así que nos animamos y volvimos a ir hacia el lago Bohing para tomar el teleférico de Ukanc que asciende hasta la cima del monte Voguel, el mejor mirador del parque del Triglav. Se debe seguir la carretera que bordea el lago, hasta la estación del teleférico. El precio del teleférico para un adulto es de 10 euros, pero la vista lo compensa. El teleférico se toma en un pequeño desvió en la carretera que va a la cascada Savica. La subida es, como decirlo, un tanto acojonante, pero la vista que nos esperaba arriba es espectacular. Abajo podemos ver el lago de Bohinj en toda su extensión, de un azul profundo, y en frente tenemos una fantástica vista de los Alpes Julianos con el Triglav entre ellos, montañas de casi 3000 metros. Una vez arriba nos encontramos la estación de esquí repleta de nieve, por lo que solo pudimos hacer una pequeña incursión por la estación ya que no íbamos bien preparados, pero de todas formas es muy bonito y el día estaba radiante. Retomamos el camino de vuelta y cogimos la autopista rumbo a las cuevas de Postjona. Hicimos una pequeña parada en el area de servicio para comer en el mismo restaurante que el primer día: Marché y volvimos a comer estupendamente! Enseguida encontramos la salida hacia las cuevas y llegamos para la visita de las cuatro de la tarde. La entrada a las Cuevas de Postojna es extremadamente cara: 20 eur (16 eur estudiantes) y fue el único sitio de Eslovenia donde nos dieron un folleto en español! Esperamos en una sala, preparada a tal efecto, a que nos dejaran entrar al famoso trenecito. La visita empieza a una velocidad de vértigo, pues el tren va a toda pastilla, no apto para moños ni gorras! Una vez se llega al final de la vía, tienes que posicionarte en el cartel con el idioma con el que te harán la visita guiada (no hay español), escogimos el inglés pues en el italiano había un grupo de escolares un tanto escandalosos y preferimos a los ingleses, que son más silenciosos. Las fotos y el video están prohibidas dentro de la cueva, pero la gente no respetaba nada, así que nosotros nos unimos e hicimos un completo reportaje, los guías no pueden controlar a tantos grupos, pues son muy numerosos. Las cuevas son impresionantes por el tamaño de sus salas que son realmente enormes, pero no son tan espléndidas como las cuevas de Aven Armand en Francia. A la salida, triunfamos, pues la barrera del parking estaba abierta y no tuvimos que pagar! La siguiente parada sería el Castillo de Predjama al que se llega enseguida por una pequeña carretera. Tuvimos suerte y el sol estaba en una posición ideal para sacar una buena foto del castillo. Su atractivo no es sólo debido a la espectacularidad de su emplazamiento en la boca de una cueva en medio de un precipicio de 123 metros, sino también a la peculiar historia de la muerte en él del Barón Erazem Lueguer, una especie de Robin Hood esloveno que atacaba las caravanas de mercaderes de la importante ruta que unía Viena Con Trieste. Lo vimos solamente por fuera y ya nos dimos por satisfechos. Tomamos ya rumbo a la costa eslovena, para ir a Koper en busca del próximo alojamiento, el Hotel Vodisek. El hotel está situado a las afueras del casco antiguo, al que se puede llegar caminando en 5 o10 minutos y muy buen comunicado ya que se puede llegar a todas partes (Italia, Croacia o Eslovenia) en un momento y además tiene parking gratuito para los huéspedes. Las instalaciones del hotel han vivido mejores tiempos, pero lo están sometiendo a una remodelación, y creemos que una vez terminada, tendrá mejor aspecto. Las habitaciones que nos asignaron eran muy amplias, luminosas, con los baños reformados y con Wifi a toda potencia. Una vez hecho el check-in y descargadas las maletas, fuimos a tomas un primer contacto con Koper. Al ser domingo, tenía un aspecto bastante desierto y no nos causó demasiada buena impresión, es una ciudad un poco sucia aunque llena de gente joven y guapa sentada en las terrazas de la playa y de la calle principal que da al mar. Cenamos en una taberna situada en una calle peatonal que no estuvo mal, pero no memorable. Nos tomamos un helado dando un paseo a orillas del mar y nos fuimos a dormir. |
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Lunes 11/5. Koper - Piran - Rovinj - Isola - Koper El desayuno fue sencillo, pero suficiente para tomar rumbo a Piran. Piran tiene el tráfico reducido, hay una barrera de acceso y si pasas con el coche, solo puedes estar una hora, si estás más tiempo tienes que pagar 3 euros por cada hora. Así que aparcamos en el parking que hay justo antes de entrar al pueblo, con unas tarifas más asequibles. Dimos un paseo junto a la orilla del mar hasta llegar al centro de la ciudad y llegamos a la plaza Tartinijev donde pedimos algo de información en la Oficina de Turismo. No sugirieron subir hasta la iglesia de San Jorge (Cerkev Sv. Jurija) con su Campanile, visible desde toda la ciudad, donde se obtienen vistas a la ciudad, a las antiguas murallas medievales y al mar con una preciosa bahía. Bajamos y rodeamos el pueblo por el paseo que bordea el mar, dimos un paseo por sus callejuelas, viendo las casas de colores, las flores, las casas venecianas y el ambiente italiano que se respira en toda la ciudad. Salimos de Piran rumbo a la frontera con Croacia. Desde la misma carretera se ven las Salinas de Sečovlje, que son las salinas más norteñas del Mediterráneo, aunque no las visitamos pues queríamos ir directamente a Rovinj, la ciudad croata de Istria que más nos gustó de nuestro anterior viaje a Croacia. Como el GPS se volvía loco lo apagamos y nos metimos por una nacional bastante mala, que resultó ser parte de la ruta del vino. Así que, aunque la carretera era estrecha y con bastantes curvas, por lo menos el paisaje era agradable, pero tardamos una hora en llegar al centro de Rovinj, donde no se puede aparcar sin pagar, aunque no es muy caro: 1 kuna croata la hora, pero con el inconveniente añadido que las maquinitas de la zona azul no aceptan ni euros ni tarjetas de crédito, así que tuvimos que pasar por un banco a cambiar divisa. Como ya teníamos experiencia del verano anterior, ya sabíamos que en los bancos es donde mejor cambio hacer, comisión incluida. Una vez puesto el tiquete, pusimos rumbo al casco antiguo, rodeando el paseo que da al mar, lleno de restaurantes y que te ofrece una preciosa panorámica de Rovinj con su campanile dominando el casco antiguo. Dimos un paseo hasta la cima, donde se ve el mar con sus pequeñas islas y nos dio la vena de subir al campanile de la Iglesia de Santa Eufemia para lograr mejores vistas. Se accede desde la tienda de velas y santos de dentro de la iglesia. Al ver las escaleras casi cambiamos de opinión, parecía que la estructura era de la época medieval y sin restaurar! Así que respiramos profundamente y subimos por unos peldaños estrechos, gastados y no aptos para las personas con vértigo. Una vez subes los casi 300 escalones te encuentras con una escalera de metal y una trampilla, el remate vamos, y llegas arriba por fin. Las vistas compensan el esfuerzo aunque pasa un rato hasta que las piernas dejan de tremblarte, jejeje. La bajada no es mejor que la subida pero con cada escalón salvado, menos queda para llegar al final! Rovinj es realmente encantador. No nos quisimos perder una cata de la estupenda gastronomía croata a la que tanto cariño le habíamos cogido en nuestro anterior viaje a Croacia, y no decepcionó, aunque las raciones no fueron todo lo abundantes como las otras veces, el pescado era fresco y muy bien cocinado. Antes de partir tomamos un helado y un capuchino en una terraza con vistas al mar, una gozada! Pasamos por el último pueblo croata costero y fronterizo con Eslovenia, Umag, que tiene un ligero parecido a cualquier ciudad costera española, aunque menos masificado, teniendo en cuenta claro está, que era el mes de mayo. Nada a destacar de Umag. La ultima visita de la tarde fue Izola, ya en Eslovenia, con sus pequeñas calles medievales del centro de la ciudad. Izola es una pequeña pero animada ciudad turística con una especial arquitectura, que muestra la variada historia de la ciudad que, antiguamente, se encontraba en una isla. La tradición de la pesca está presente aún hoy en día en la oferta turística de Izola, así como también en su gastronomía, hay un montón de restaurantes para escoger y por ese motivo decidimos cenar allí, además de que tiene parking gratuito. Como era la ultima cena, fue un poco homenaje, a base de pescado, marisco y vino blanco, todo amenizado por unos camareros muy atentos que incuso nos hicieron fotos con la mesa servida. Satisfechos, volvimos a Koper a dormir, pues al día siguiente nos esperaban, según Via Michelin unos 178 km y casi 2 horas, hasta Venecia. |
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Martes 12/5. Koper Venecia Llegar a Venecia fue un caos. Nos pasamos la salida de la autopista, tuvimos que echar marcha atrás, encontramos obras, tráfico, polución, casi nos arrepentimos que haber madrugado tanto para estresarnos! Llegamos a un parking de la Piazza de Roma y nos dispusimos a dar un corto paseo de 2 horitas por una ciudad que nos robó el corazón en septiembre de 2007 y a la que volveremos seguro en alguna otra ocasión. La encontramos tan llena de gente y tan bonita como siempre! Llegamos al aeropuerto Marco Polo sobre las 12:30h y devolvimos el coche de alquiler en perfecto estado y después de un largo control, llegamos a casa con un fantástico vuelo de Vueling.
GASTOS TOTALES 2 personas: (Mayo 2009)
Vuelos: 200 euros Coche alquiler: 195,34 euros, incluido seguro en destino (total alquiler 327,68 Autoeurope) Alojamientos: 642,08 euros Gasolina y Vignette : 138,12 euros Restaurantes y cafés: 388,79 euros Entradas: 114,08 euros
1.564,33 TOTAL euros . |
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