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Nuestro viaje a Croacia del 31 de Agosto al 7 de Septiembre de 2008:

Eli, Hermi, Carlos y Gemma exploramos el Mediterráneo tal y como era.

Día-1: 30/08 Bcn ­ Dubrovnik - Drvenik 09:25 (BCN) 11:30 (DBV)

Salimos del aeropuerto de Dubrovnik con un enorme Scoda Octavia alquilado a través de Autoeurope, muy bien de precio y sin franquicia, bastante importante y recomendable, dada la conducción croata.

Salimos por la carretera de la costa hacia Ston (57Km 1h), famoso por sus ostras, y empezamos a deleitarnos con los colores que nos ofrecía el mar en la región de Dalmacia, playas escondidas, acantilados y encantadores pueblos de pescadores.

Comimos en Mali Ston, el puerto de Ston, en el segundo restaurante que se encuentra al entrar al puerto: Taverna Bota Sare. En el restaurante hablan inglés e italiano. Comimos de lujo: aperitivo (gentileza de la casa), ensalada mixta, ostras frescas, parrillada de conchas, arroz negro, 2 aguas y 2 cervezas por 457 kunas los 4. Llegamos con tantas ganas a Croacia que nos olvidamos de cambiar a kunas, afortunadamente pudimos pagar con tarjeta.

Después de comer nos dirigimos al pueblo de Ston para ver la 2ª muralla más grande del mundo, después de la muralla china, que rodea todo el pueblo. Subimos a la muralla desde donde se obtiene una bonita panorámica del pueblo y de las salinas, pero bajamos enseguida pues el sol de justicia y el vértigo nos quitaron las ganas de subir más arriba.

A continuación nos pusimos rumbo a la Isla de Korkula. Llegamos al embarcadero y pudimos pagar el ferry con euros, ya que no disponíamos de moneda croata todavía, pagamos con 20 euros y nos devolvieron 37 kunas. Pillamos al ferry por los pelos y disfrutamos de la travesía pues el paisaje es precioso.

Ston StonMuralla

Lo más importante de la isla es la pequeña población medieval de Korcula. El pueblo tiene la típica estructura dálmata: construido sobre una península y fortificado en su totalidad con murallas y torreones. Lo más destacado son las murallas, la puerta de entrada a la ciudad Veliki Revelin y la catedral de San Marco. La isla es también famosa por sus vinos, los cuales probamos a lo largo del viaje y están realmente sabrosos.

Lo primero que hicimos fue pagar al vigilante del parking las 10 kunas pertinentes para aparcar el coche y lo segundo comprar un apetitoso helado por 7 kunas. Rodeamos la ciudad, por la zona amurallada y después nos internamos en las callejuelas de la ciudad, que nos fascinaron. Las calles están distribuidas en forma de raspa de pez, sin confluir directamente unas calles en otras, para evitar que el fuerte viento entre. Disfrutamos de la visita.

Volvimos a las 8 de la tarde para coger el Ferry de vuelta y esta vez disfrutamos de un fantástica puesta de sol con Korcula como telón de fondo

Salimos de Orebic por la carretera nº 414 y nos desviamos hacia la izquierda por la carretera nº 415 en Donja Banda, dirección Trpanj (unos 18 Km) para coger otro ferry que nos dejaría en Ploce. Llegamos a las 9 menos cuarto aproximadamente a la cola del ferry pero tubimos un pequeño contratiempo: el ferry ya estaba lleno y ya era el último ferry del día. No nos tocó más remedio que volver por donde habíamos venido para llegar a Drvenik, donde teníamos reservados dos apartamentos.

Una vez pasada la frontera decidimos cenar alguna cosa pues ya era tarde. Paramos en el primer sitio que encontramos, una pizzería a pie de carretera. Los precios de la carta no los acabamos de entender pues había dos tipos de monedas, fue entonces cuando nos dimos cuenta que estábamos en Neum, Bosnia, de ahí el lío de moneda. Por suerte pudimos pagar la cuenta en euros y barato: 22 euros, un regalo.

De nuevo emprendimos el camino a Drvenik en busca de la Familia Antunovic. Llegamos al pueblo y giramos a la derecha y encontramos la calle Gornja Vala, buscamos el número 85 y llamamos al timbre. Nos recibió un señor mayor en gallumbos y le preguntamos por los apartamentos, pero no hablaba inglés ni italiano. A continuación apareció una señora mayor en camisón que afortunadamente hablaba un poco de italiano y nos dijo que los Antunovic eran sus sobrinos y que estaban en la otra punta del pueblo en Donja Vala. A causa del cansancio y los nombres imposibles de recordar de los croatas, habíamos sacado de la cama a ese pobre matrimonio a la una de la madrugada!

Por fin llegamos a Donja Vala pero no encontramos el maldito número 85, entramos a preguntar a un Bar de copas y una chica rubia muy amable nos dijo que ellos eran los Antunovic y nos acompañó a un edificio situado en la calle de atrás, donde tenían los sobes. A nosotros nos sonaba que la situación de los apartamentos era en primera línea de mar no en segunda pero ya nos daba igual, queríamos dormir. La mujer nos pedía el voucher de la reserva y nosotros solo teníamos el mail de los Antunovic, no entendíamos nada. Vimos como discutían madre e hija y la muchacha nos llevó de nuevo a la calle principal, un par de casas más allá de donde nos encontrábamos. Allí estaba la casa de los Antunovic y deducimos que la chica se percató del error y no quiso picarle los clientes a su vecino, el otro Antunovic. Resulta que en aquel pueblo todos eran Antunovic, seguramente Antunovic en Croacia es como García en España, jejeje.

Al fin pudimos dormir en un apartamento con vistas al mar por 50 euros cada apartamento en: http://www.drvenik.net, de los Antunovic por supuesto!

Korkula
Drvenik

Día-2: 31/08 Drvenik ­ Zadar

Desayunamos en la terraza del apartamento con unas inmejorables vistas a la playa de Drvenik. El agua es tan limpia, tan cristalina que invita a bañarse. Dimos un corto paseo por el pueblo mientras llegaba la Sra. Antunovic ya que su marido no sabía usar el datáfono y nos venía bien poder pagarles con tarjeta.

De nuevo salimos por la carretera de la costa hasta pasado Makarska, donde pudimos coger la autopista para dirigirnos a Skradin para visitar el Parque Krka.

El parking del parque (no sabemos si es oficial o de algún listillo que hace su agosto) está a la entrada del pueblo de Skradin. Nos cobraron 5 euros por dejarlo todo el día y lo aparcamos en una semi-sombra, lo que fue todo un logro dadas las elevadas temperaturas que tuvimos en todo el viaje.

Dando un agradable paseo por la calle principal del pueblecito de Skradin y viendo bastantes signos de metralla en algunos edificios no restaurados, llegamos al embarcadero para coger el barco que lleva a una de las entradas del parque. El barco sale a cada hora en punto y vuelve a cada media. Es una agradable travesía de unos 20 minutos hasta las taquillas. La entrada cuesta 80 kunas y puedes entrar y salir del parque, siempre que se haga por la misma puerta, en el día. Esa era nuestra intención pues la comida que ofrecían en el parque era a base de fast food y no nos convenció.

KRKACascada
KRKA

Lo primero que hicimos, una vez dentro del Parque Nacional de Krka fue montar el campamento base y bañarnos en esas deliciosas aguas cristalinas, tan refrescantes y en un enclave de cuento, delante de una cascada grandiosa. Pasamos buena parte del día, entre baño, foto y video. Simplemente espectacular.

Bien refrescados, volvimos a Skradin para comer y encontramos el único sitio de todo el viaje que ofrecían menú: Restaurant a la Carte del Hotel Skradiskibuk, situado en la misma calle principal y con una agradable terraza. Puedes elegir entre el menú de carne o de pescado y incluyen: Sopa, Ensalada, Lomo o Trucha con verduritas y postre (crep con compota de manzana). La verdad es que estuvo muy bien y nos costó 405 kunas los 4, aunque pagamos 43 euros porque todavía no teníamos cunas.

En la recepción del hotel preguntamos si cambiaban divisa y nos hicieron el mejor cambio de todo el viaje: a 7,10 y sin comisión, todo un acierto!

Con la barriga llena y el calor que hacía, no nos apeteció volver al parque y decidimos emprender rumbo a Zadar, donde íbamos a dormir.

Encontrar los apartamentos en Zadar no fue demasiado fácil, pero preguntamos, amablemente nos indicaron y llegamos a Villa Lipa. Los apartamentos no están en el casco antiguo pero se llega dando un agradable paseo, rodeando el mar y viendo muchas casas solariegas realmente elegantes, parecían de muñecas. Para llegar a la Ciudad Vieja hay dos caminos: un puente iluminado y un barquero que trabaja hasta la media noche y por 5 kunas te pasa a la otra orilla. Esta fue la opción que escogimos y fue toda una experiencia! Nos os perdáis los brazos del barquero, madre mía, este hombre si que se gana el sueldo con el sudor de su frente.

Al bajarnos de la barca nos pararon una familia croata cuyo hijo estaba estudiando italiano y querían hablar con nosotros un rato para practicar. Que decepción se llevaron los padres cuando les dijimos que éramos españoles! Pero nuestras chicas políglotas no dudaron un momento en decir que podían hablar de todas maneras pues dominan el idioma! Después de una agradable charla les pedimos que nos recomendaran un sitio para cenar y nos enviaron al Arsenal, un edificio restaurado que se encuentra dentro de las murallas de la ciudad vieja, es uno de sólo unos pocos arsenales venecianos conservados. Dentro del edificio hay un bar de copas con sofás muy original, tiendas, obras de arte y el Armony Restaurant. No os lo perdáis, es un restaurante singular, situado en la planta alta del histórico edificio y nada caro por lo bien que comimos y el enclave tan interesante.

Zadar fue construida por los romanos como puerto pesquero y llegó a tener en el siglo XV la mayor flota naval de la costa dálmata. La Ciudad Vieja, situada en una península amurallada, es conocida en todo el país por la belleza de sus iglesias. Por la calle Siroka, principal arteria de la ciudad, se llega a las plazas Narodni y Petra Zoranica, dos buenos lugares para sentarse en una terracita para tomar algo, en un ambiente muy autóctono. Aquí nos tomamos una copitas de vino blanco mientras vimos desfasar a un grupito de chicos jóvenes bebiendo de una jarra con unas cañas larguísimas.

Después de cenar dimos un paseo por la zona antigua y por el paseo marítimo. Allí encontramos un circulo lleno de luces de colores, en plan pista de discoteca que recordaba a fiebre del sábado noche, muy llamativo. Una de las principales atracciones de la ciudad es un órgano marino que funciona con la fuerza de las olas del mar. La verdad es que es muy curioso y hace una música muy agradable y atrayente con olor a mar.

Pula
PulaFachada

Día-3: 01/09 Zadar ­ Pula

Salimos de Zadar para coger de nuevo la autopista, con un asfalto nuevo a estrenar y poca circulación, para dirigirnos a Pula.

La intención era parar en Rijeka pero la encontramos una ciudad muy sucia y caótica y por ello pasamos de largo para ir a comer en Opatija.

Opatija está considerada como la "gran señora" de las estaciones balnearias de Croacia y cuenta con tradición de este tipo de turismo desde el 1844. En cuanto llegas se vislumbra un halo de riqueza y lujo al cruzarte con las distinguidas villas de Opatija, sus afanosos hoteles, espléndidos jardines y parques.

Para comer nos decantamos por el Restaurante Slatina, muy hermoso, lleno de flores y a tono con Opatija, situado frente al mar y con muy buena pinta pero pinchamos. La primera cosa que detectamos fue que el agua mineral estaba rellenada con agua del grifo, pues el tapón no estaba cerrado y olía a cloro. Pedimos una botella nueva. El resto de la comida pues fue un poco fiasco, ni el pescado era fresco ni estaba bueno. Así que fuimos a quitarnos las penas comiéndonos un riquísimo helado por 5 kunas la bola en el paseo marítimo!

Después de un paseo tomamos la carretera de la costa, rumbo a Pula. La idea era parar en Rabat pero no quisimos robarle la siesta a los pasajeros de la parte trasera del coche, así que llegamos a Pula y aparcamos el coche justo en la calle del apartamento y, al convertirse en peatonal justo en frente, fuimos a inspeccionar antes de bajar las maletas. Llegamos al número 38 de la calle Kandlerova y llamamos al interfono, pero no contestaba nadie. Preguntamos en el bar de al lado y no sabía nada de esos apartamentos pero el buen hombre nos llamó él mismo al casero que llegó en unos minutos. En realidad los apartamentos están en el número 36, justo en la esquina del bar en cuestión. Vimos algo raro en la llamada telefónica, fue demasiado corta, pero no le dimos importancia pues nos solucionó la papeleta, lo extraño es que fue él mismo despistadillo el que nos dijo que los apartamentos estaban en el 36 y que eran muuuy bonitos.

El casero resultó ser un señor mayor que solo hablaba alemán! Uf, fue complicado entenderse con él, pero Eli la políglota, rebuscó en sus recuerdos un curso de alemán olvidado y nos sacó del apurillo.

Trieste
PulaFachada1

Los apartamentos están muy bien situados cerca del anfiteatro, del centro histórico y de todo lo que puedas necesitar (tiendas, restaurantes, supermercados, etc). Son muy nuevos y bastante bonitos, pero la limpieza no es su fuerte, cosa que ya hemos transmitido al propietario y ha prometido remediar.

Una vez pagados los dos apartamentos, nos dijo que al día siguiente le dejáramos la llave al señor del bar, en realidad se conocían muy bien, jejeje, pero lo disimulaban... Recogimos el equipaje y fuimos directamente a visitar el casco antiguo de Pula. Nos adentramos por la calle peatonal adoquinada hasta llegar a la plaza del ayuntamiento, con el templo de Augusto al lado y un ambiente muy animado a su alrededor, seguimos hasta llegar al Arco de Triunfo de los Sergios o Puerta de Oro erigido entre los años 29 y 27 A.C. Pula tiene un aire muy italiano, suponemos que por eso nos gustó tanto y nos sentimos tan a gusto.

Para cenar encontramos un pequeño restaurante llamado Elegante, situado en el número 33 de nuestra misma calle, donde comimos unas ensaladas, para no faltar a la costumbre, dos doradas y una "branzin" (bass en inglés) con su acompañamiento, que quitaban el sentido, fresquísimas y cocinadas con un toque ahumado que le proferían un sabor extraordinario y diferente, acompañadas por un vino Malvasia igual de rico y todo por el módico precio de 400 kunas, propina de 28 kunas incluida por la gran amabilidad de la camarera.

Muy satisfechos dimos un paseo nocturno para ver el anfiteatro Romano iluminado, conocido como Arena, que data del siglo III antes de Cristo y nos sentamos en la terraza del Kunstkafe, el la misma plaza del ayuntamiento, para tomarnos unas copitas de Merlot por 10 cunas cada una en un enclave que no nos dejó indiferentes y seguro nos hubiéramos quedado otro día si no tuviéramos una agenda tan apretada!

 

Día-4: 02/09 Pula ­Trieste

Salimos de Pula dirección Trieste para acabar de recorrer Istria, la península del norte de Croacia, con gran cantidad de pueblos rústicos de estilo italiano.

La primera parada del camino fue en Rovinj. Tuvimos que aparcar bastante lejos, pero fuimos dando un paseo por el paseo marítimo, repleto de cafés y terrazas.

Dirigimos los pasos hacia la plaza M. Tita, donde se halla el Arco Balbi, puerta de entrada de la antigua ciudad. A partir de aquí se extiende el estrecho laberinto de callejones adoquinados y casas de vistosos colores que conforman el casco antiguo. Lo mejor para descubrir preciosos rincones es caminar por estos callejones. Llegamos al Mercado de Vegetales, en el que todo tiene muy buen aspecto, no pudimos resistir la tentación de comprar unos higos a una payesa que nos los dio a probar y estaban deliciosos.

El calor bochornoso estaba haciendo mella en nuestros cuerpos y decidimos parar para refrescarnos y tomar algo en una terraza junto al mar, estilo veneciano, que se veía desde el mismo mercado. Se accede desde la calle de atrás: Via Alma Begic, se llama Buffet Marea y es una pasada. Estuvimos muy a gusto en la terrazita que da al mar. Nos atendió un camarero sesentón, chulo playa y pasado de vueltas que le daba el toque de originalidad al enclave.

RovinjMercado
RovinjPuerto

Después del descanso, retomamos el camino de vuelta recreándonos con el encanto de Rovinj por ultima vez.

Un tiempo después llegamos a Porec, otro pueblecito costero pero no tan llamativo como Rovinj. La primera parada fue para ver la Basílica de Eufrasio que es patrimonio de la Unesco, destacan los mosaicos en oro de la basílica bizantina que es pequeñita pero el mosaico es digno de ver.

Salimos para perdernos por sus calles adoquinadas que tienen un encanto especial y se respira un ambiente muy agradable.

Decidimos buscar un sitio para comer en el puerto, nos decantamos por el Restaurante Grandska Kavana, en la calle M. Tita número 9, justo enfrente del mar. No faltaron nuestras ensaladas, parrillada de verduras, mejillones, calamares y doradas con guarnición, todo delicioso y muy bien cocinado. Los camareros se enrollaron y nos hicieron una foto con el manjar servido y aprovecharon para hacerse una ellos también, para que la tuviéramos de recuerdo! El precio de todas estas exquisiteces fue de 470 kunas incluidas 7 kunas de propina y grappa, gentileza de la casa.

Bien satisfechos fuimos a la busca y captura de un helado que nos ayudara a digerirlo todo, jejeje, muy rico como siempre a 6 kunas la bola.

Acabamos de recorrer Istria y al final de la península entramos en Eslovenia, donde nos hicieron enseñar el pasaporte en la frontera pero casi ni se lo miraron. En el poco tramo de costa eslovena hay otras ciudades como Piran y Koper, que pertenecieron a la república de Venecia. Los aproximadamente 30 km que hay que cruzar de Eslovenia, tienen un paisaje muy bonito, montañas rodeadas de pinos y praderas con algunas casitas dispersas y sobretodo mucha tranquilidad.

Nuestra intención era hacer una parada en Piran ya que habíamos leído que era un encanto. Pasamos la barrera del parking que da entrada al pueblo, donde la primera hora es gratis y las siguientes te cobran a 3 euros la hora, un poco excesivo, pero allí estábamos nosotros, intentando buscar un hueco para aparcar, recorrimos el pueblo entero y no hubo suerte, además la conducción eslovena es parecida a la italiana y fue un poco agobiante intentar meter el coche por esas callejuelas y no morir en el intento. Rodeamos todo el pueblo por el paseo que bordea el mar y no pudimos aparcar, así que dimos media vuelta y nos conformamos con la visita panorámica des de el coche al estilo de los tours organizados. La verdad es que prometía mucho y lo poco que vimos desde el coche nos gustó, que le haremos, otra vez será!

Pusimos rumbo a Trieste, donde íbamos a pasar la noche, llegar al centro fue fácil aunque largo y un amable policía nos regaló un mapa de ciudad con las indicaciones para llegar a la Via del Ghirlandaio número13 dónde se encuentra Il Melograno, un precioso Bed & Breakfast al que no le falta detalle y que además está muy limpio y cuidado.

Acabamos de pasar la tarde acomodándonos y dando un paseo por el centro de Trieste, muy monumental y ambientado con la Plaza Unita d¹Italia iluminada. La idea era ir a un librería-cafetería para comprar unos libros en italiano pero no hubo nada que cubriera las necesidades de nuestras enamoradas de Italia.

Para cenar nos dejamos guiar por una chica que paramos en la calle y no acertamos. Nos recomendó el Restaurante La Bufala, una especie de franquicia donde la pizza era tipo chicle y la pasta un poco insulsa. De ahí a la visita más sonada de Trieste, el Hospedale Maggiore, es decir, el hospital. Una reacción alérgica a unas picaduras de mosquito hicieron que mi pie pareciera un ente con vida propia que ni cabía en el zapato. Me visitaron en el Pronto Socorro (Urgencias) donde no había nada de colapso, cosa que nos sorprendió. Eli me hizo de interprete y la enfermera, una cachonda mental, nos preguntó si veníamos de la selva, me puso una cataplasma en la pierna y el tobillo y me hizo tomar unas pastillas en un vaso para micción, pues no tenían de los normales, casi no puedo tragar de la risa que nos entró a las tres. En fin, me dieron hora para la mañana siguiente con la dermatóloga y volvimos al B&B a tomar una copa de celebración a un día con un final tan sorprendente...

PlitviceGrupal
PlitviceCascadas

Día-5: 03/09 Trieste ­Eslovenia ­ Plitvicka Jezera

A las 8:45 estábamos en el hospital para la visita de la dermatóloga a mis mal logrados pierna y tobillo. Esta vez si que tuvimos que esperar a ser atendidos, pues había mucha cola. Por unanimidad decidimos dividir al grupo y Hermi y Carlos fueron a buscar una librería donde poder comprar libros en italiano a precio de ganga, mientras Eli y la lesionada esperábamos pacientemente en el hospital.

Me mandaron un arsenal de medicamentos y reposo, así que las visitas programadas para ese día las dejamos correr pensando en la posibilidad de visitar Eslovenia en otra ocasión y con la satisfacción de contar, para el resto del viaje, con los 5 libros que compro Hermi, a muy buen precio, en una librería cerca del Hospital.

Pusimos rumbo a Croacia de nuevo. Paramos en un restaurante de carretera para comer en un restaurante que tenía una terraza muy agradable con geranios colgados y mesas de madera a la sombra de una pérgola. Pedimos, entre otras cosas, la especialidad de la casa: cordero, que debía ser de cuando inauguraron el restaurante pues estaba más duro que una piedra, pero había que comer, así que acabamos con todo y como colofón, un tiramisú con sabor a colonia no muy recomendable para estómagos delicados.

Seguimos rumbo a Grabovak para dormir en Apartments Plitvicerseen. Una casita encantadora situada a 10 minutos en coche de la primera entrada del parque. El enclave es ideal y tranquilo. Tiene piscina para los huéspedes y la habitación fue la más limpia de todo el viaje. Decorada con buen gusto con mobiliario de Ikea. Aunque la habitación es algo pequeña y el baño de la habitación nº 1 es minúsculo. No tiene TV, pero compensa por el buen trato y el desayuno.

Mientras mi maltrecha pierna descansaba en la habitación del B&B el resto del grupo fue a explorar la zona algo desabitada de Rakovica, un pueblo salpicado con casitas de colores que nos daban un aire a las casas de madera de Noruega. Corrieron y saltaron campo a través a sabiendas del peligro de ser devorados por los malditos mosquitos croatas...

Para cenar nos dirigimos a uno de los pocos restaurantes de la zona: Plitvicka Kraljica Iva, situado en la misma carretera que va al parque, en Grabovac nº 257. Pedimos muchos platos a modo de pica pica: ensaladas, queso, jamón ahumado (muy rico), champiñones, arroz, espaguetis carbonara y dos botellas de vino que guiaron nuestras risas, que no fueron pocas, durante toda la cena. Todo estaba delicioso y nada caro: 321 kunas.

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PlitviceTransparente

Día-6: 04/09 Plitvicka Jezera ­ Sibenik ­ Trogir

Nos levantamos pronto para ser de los primeros visitantes del parque y nos encontramos con una deliciosa sorpresa, el desayuno nos lo servirían al aire libre, bajo una pérgola de hierro forjado preparada para la ocasión. La segunda sorpresa fue lo completo que fue: Pan blanco, panecillos de semillas, mermeladas, miel, embutido, tomate, huevo frito (recién hecho), sandía y café con leche. Una pasada! No pudimos acabarlo!

A las 8:30 de la mañana ya estábamos en parking número 1 del Parque Nacional de Plitvice, uno de los más bonitos del país, declarado Patrimonio de la Humanidad. El punto más espectacular son los dieciséis lagos conectados entre sí por una serie de cascadas con un agua de color verde esmeralda.

Hay una cosa que nos llamó la atención del parking, al entrar no te dan el típico tiquet/tarjeta con la hora de entrada, te sale una especie de ficha marrón que entregas a la salida y te cobran lo que marca la ficha, jajaja, será un chip inteligente?

Elegimos la ruta A, la más corta, pues mi pie no estaba del todo recuperado y no quisimos forzar la maquinaria. Nos encantó todo lo que vimos, el agua azul turquesa y cristalina, los bancos de peces, los patos, las pequeñas cascadas, tardamos un montón en recorrer el poco tramo que lleva al embarcadero que cruza con el itinerario B pues nos hartamos de hacer fotos y más fotos. En lugar de volver por la ruta A nos decantamos por coger el barco que cruza el lago y enlaza con la ruta B hasta el parking número 2 y luego un bus eléctrico te lleva hasta casi el parking número 1. La verdad es que fue una visita de lo más amena y un deleite para nuestros ojos, pues las panorámicas son una maravilla.

Desde el camino de vuelta vimos la ruta que habíamos hecho y las pasarelas de madera estaban a reventar de gente, así que aconsejamos madrugar para poder disfrutar del parque con cierta exclusividad.

Salimos de la zona interior para volver a la costa croata hasta Sibenik, localidad costera con el encanto de todas sus predecesoras, todo el casco antiguo está formado por un complejo entramado de callejones empinados y escalinatas que culminan en la Fortaleza de Santa Ana. Destaca la catedral de San Jacobo declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El calor en Sibenik era realmente abrasador y buscamos un refugio para comer, nos sentamos en una terraza donde unos españoles se estaban comiendo un arroz negro con muy buena pinta y nos dijeron que estaba muy sabroso. En el menú había un cartel que ponía "No pizza" y eso era una buena señal!

En la terraza del Konova Canela pegaba toda la flama del sol, aun estando en frente del mar no corría nada de brisa y decidimos entrar dentro, que había aire acondicionado y acertamos con todo, con la comida, con el servicio y con la temperatura. Comimos de vicio, pedimos una sabrosísima ensalada de pulpo, la mejor del viaje, una bandeja de mejillones, lubina y dorada a la brasa, rico, rico! Todas estas exquisiteces por solo 430 kunas.

Acabamos de dar un paseo por el centro y nos comimos otro helado para no perder la costumbre en una heladería que curiosamente estaba llena de españoles.

Salimos hacia Trogir para buscar el sobe donde debíamos alojarnos: Konoba Sv. Jure. Preguntamos por la calle Kastel Novi y cual fue nuestra sorpresa al enterarnos que no era una calle, era un pueblo que está a 7 kilómetros de Trogir. Al llegar al sobe y enseñarle el mail de la reserva al chico, nos dijo que le habíamos enviado un mail anulando la reserva y que estaban llenos esa noche. Nosotros no habíamos enviado ningún e-mail, se lo sacó de la manga, pero nos buscó un apartamento para los cuatro en el pueblo de al lado por 400 kunas. Nos fuimos hacia Kastel Luksic para buscar la Villa Soulavy. Al llegar aparcamos el coche en el parking para clientes de los apartamentos y nos recibió un chico regordete y con las mejillas sonrosadas el cual nos espetó nada más entrar que se había equivocado con el precio, que eran 500 kunas y el parking a parte, porque era de los vecinos. Intentamos regatearle el parking por la subida espontánea del precio pero no hubo manera, así que decidimos ver primero el apartamento antes de cerrar nada y menos mal, pues era un poco incómodo, con las habitaciones en un segundo piso al que se accedía por una empinadísima escalera de caracol. Al unísono dijimos que no nos gustaba y nos enseño otro, el lavanda, todo en la misma planta y con 2 habitaciones y un baño, bastante más viejete del resto de sobes que habíamos estado. El apartamento no era bonito pero era amplio y bastante limpio. Al ver la mala cara que hacíamos y lo poco convencidos que estábamos para quedarnos, empezó a bajar el precio, al no poder cerrar, bajo más y nos lo dejo por el precio inicial: 400 kunas, parking incluido, jajaja, una ganga! Que dura negociación...

Para cenar escogimos un konoba que habíamos visto al lado del sobe que nos dio plantón, con muy buena pinta y lleno de gente, además en la gasolinera lo usaron a modo de indicación, así que nos figuramos que sería un sitio muy conocido: Konoba Intrada, situado en frente del mar y decorado con motivos marineros. Esa noche nos pusimos como el kiko, fue un despliegue de platos al cual más rico, sobretodo el famoso jamón ahumado de Dalmacia que tenía pinta de ibérico y con un sabor que perduraba en el paladar, ensaladas, queso y una bandeja enorme de pescado con un acompañamiento que ahogaba las penas: calamares, vieiras, conchas, patatas, verduras. Uff, tuvimos que echarle agallas para acabar con todo! Lo regamos con un vino de la casa bastante bueno y rematamos con otra botella de vino y muchos brindis por 490 kunas. Salimos del konoba bastante achispados y fuimos dando un paseo bordeando el mar pues habíamos aparcado al principio del pueblo.

Como no había ningún chofer en condiciones de conducir hasta el pueblo de al lado, decidimos tomar otra copa para hacer bajar el vino! Encontramos una terraza donde servían cóctels a 24 kunas y allí nos plantamos, entre risa y risa y música de móvil con estilo lolairero, a falta del loro jajajaja, acabamos la noche y llegamos al apartamento sanos y salvos, toda una proeza!

Split
Dubrovnik

Día-7: 05/09 Trogir - Split -Dubrovnik

A la mañana siguiente decidimos comprar el desayuno en Trogir, donde el día anterior habíamos avistado un mercado de fruta y verdura. Compramos fruta fresca y dos trozos de Burec Sir (una especie de hojaldre relleno de queso) buenísimo y calentito. Nos lo tomamos todo sentados en un parquecito en frente del canal y nos sentó de maravilla.

Trogir es conocido como la Venecia Croata, es un pueblo cautivador lleno de callejuelas preciosas y rodeado de mar por todos sus costados. Calles estrechas, torres, campanarios, balcones medievales...muy cuco. Esta bastante concurrido pero vale la pena su visita.

La segunda visita del día fue Split, la más bulliciosa de las ciudades del Adriático. Situada bajo el Monte Marjan seduce por su casco antiguo. Destaca por su originalidad el Palacio de Diocleciano y la catedral.

Aparcamos el coche en un parking bastante lejos del centro histórico al cual llegamos después de atravesar un mercadillo de ropa muy económica y comestibles. Antes de entrar en la zona del palacio Diocleciano nos paramos en unos puestos de joyas de piedras y no pudimos resistir la tentación de comprar unas pulseras para nuestras madres. Paseamos bajo un sol de justicia, fotografiando entre cabeza y cabeza del montón de gente, los restos del palacio, era un poco agobiante, lo divertido fue que había dos chicos vestidos de romanos que daban cierto ambiente al sitio. En lugar de entrar a visitar el palacio entramos en una cafetería muy bonita que parecía un palacio para tomar algo fresco y poder resguardarnos del sol.

Durante todo el viaje habíamos gozado con los enclaves relajados y tranquilos, Split era demasiado agobiante y decidimos marcharnos rumbo a Dubrovnik. En la carretera de salida de Split vimos un coche que nos asombró de gran manera, iba el matrimonio cargado hasta los topes de envases, en la vaca, en los asientos traseros, todo llenito de envases vacíos, suponemos que pagan a tanto el envase como en Alemania, esa gente se iban a forrar, jajaja.

La carretera de la costa volvió a fascinarnos con sus magníficas vistas y decidimos buscar un pueblo tranquilo y relajado para comer. Pasado Makarska vimos un desvío hacia Tucepi y nos dirigimos hacia el centro. Como casi en todas partes en Croacia, el parking era con zona azul y con un vigilante muy avispado que vino enseguida a ver si necesitábamos cambio.

Empezamos a mirar en los restaurantes y nos gustó especialmente un Konoba situado al final de la calle, justo al lado de la playa. En el Konoba Dvor Tucepi comimos un pescado fresquísimo con un acompañamiento muy completo: patatas panadera, verduritas, mejillones y ensalada, aparte de las ensaladas mixta y de pulpo y una bandeja de mejillones con un sofrito de verduras muy rico. Uff, otra vez tuvimos que hacer un esfuerzo para terminarlo todo pues había mucha comida, nos pusimos las botas! Aunque un ejército de avispas nos echaron del restaurante enseguida y tuvimos que pagarle al camarero ya de pie y el pobre asustado por si nos íbamos sin pagar! Dimos un agradable paseo por el paseo marítimo y nos tomamos un helado para no faltar al costumbre.

Nos esperaba el último tramo de costa dálmata, hasta llegar a Dubrovnik. En el camino paramos a comprar un poco de fruta a un matrimonio que tenía un chiringuito a pie de carretera, una uvas deliciosas que amablemente nos dieron a probar y unos higos con una pinta buenísimas. El buen hombre nos dejó probar también un vino hecho por ellos que al final compramos también. Solo ver la cara de felicidad de esa buena gente ya valió la pena y nos dio lástima no comprarles más cosas. Toda una experiencia!

Con el mapa que nos había facilitado Adriática.net y una indicaciones de unos amables lugareños llegamos al sobe donde teníamos la reserva. Habíamos alquilado este apartamento en Dubrovnik. Con 2 habitaciones dobles, 2 baños, cocina y salón.

Al llegar a la propiedad nos dice la buena mujer que nos esperaba para el día siguiente y que ese día tenía el apartamento alquilado! Dios, miramos el voucher de la reserva y tenia toda la razón. A esas horas no podíamos averiguar si el fallo era nuestro o de Adriática.

La buena mujer nos hizo el favor de dejarnos dormir a los 4 juntitos, al estilo de gran hermano, en un zulo con 3 camas y nos montaría una cama supletoria en la cocina para gozar de una total comodidad y no tener que dormir apiñados.

Al llevarnos al zulo, la mujer se pego un leñazo subiendo las empinadas escaleras que un poco mas y se desmonta la pobre. Al abrir la puerta del zulo se nos cayó el alma a los pies pero no teníamos donde pasar la noche y nos conformamos con lo que había.

En la cocina había una puerta de la que salían ruidos de gente, deducimos que el zulo estaba comunicado con otra habitación y echamos el pestillo para "más seguridad".

Para cenar nos recomendaron el Konoba Atlantic, muy cerca del sobe pero algo caro. La comida era buena pero nos clavaron con el postre y los chupitos, fue la comida más cara de todo el viaje: 600 kunas.

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Día 8: 06/09 Dubrovnik

A la mañana siguiente la buena mujer nos recibe con una sonrisa de oreja a oreja para decirnos que nuestro apartamento ya estaba listo y, para nuestra sorpresa abre la puerta misteriosa y entramos a un zulo algo mayor pero igual de sucio y con todas las camas juntas en la misma estancia. No entendíamos nada, el supuesto apartamento alquilado con adriática era maravilloso al lado de ese cuchitril.

Nos pusimos peleones con la sorprendente señora y nos dijo que total si era para una noche! Que ella ya había avisado a la agencia de que tenía una reserva para una semana para "el otro" apartamento y que a nosotros nos asignaban ese que, junto al zulo comunicado, tenía el mismo precio que el alquilado inicialmente. Eso ya era el colmo de los colmos.

Pedimos poder llamar a la agencia y nos hubiera suplicado de rodillas el no liarla si no hubiera tenido la pierna fastidiada por la caída de la noche anterior, que no llamáramos a la agencia, que no quería problemas, que solo era una noche...

La señora, viendo el percal, accedió a darnos el apartamento correcto al fin. Nos lo enseñó y vimos un plegatín en medio del comedor, nos pareció raro pero pensamos que los de la reserva de la semana completa serían seis personas, vimos el resto, la cocina, un baño, una habitación triple y una puerta cerrada. Nos faltaba una habitación! Deducimos que la chica que habíamos visto salir por una puerta de al lado del zulo, estaba alojada en la que tenía que ser nuestra habitación! Dios, esa señora era una bruja, abría y cerraba puertas a su antojo! Le dijimos que nos devolviera el dinero, que nos íbamos, que eso era inadmisible, pero nos dijo que ella no había cobrado, por lo tanto no podía pagarnos. Insistimos en hablar con la agencia o llamaríamos a la policía y al final accedió a llamar a Adriática desde su teléfono. Deducimos por como hablaba con ellos que les contaba lo amable que había sido con nosotros no dejándonos tirados y en la calle la noche anterior y que ahora no nos gustaba el apartamento que nos tocaba. Nos pasó el teléfono a regañadientes y les explicamos lo que pasaba con el alojamiento y lo sucio que estaba el que nos quería endosar y que encima nos daba un apartamento incompleto, (mientras, la señora entre grititos y gestos nos dijo que de acuerdo, que nos dejaba todo el apartamento completo) y la chica de Adriática nos contestó que en un hora se personaría un agente de Adriática para aclarar la situación.

Mientras esperábamos a que vinieran, sonó el móvil, era Adriática y nos dijo que no vendría nadie y que era lo normal allí, el alquilar una cosa y que te dieran otra y que si al final la señora nos daba el apartamento que no había posibilidad de reembolso alguno, que nos conformáramos con lo que había. De muy malas maneras nos dijo que nuestra obligación era entrar a las 2 del mediodía y que entonces nuestro casero tendría listo el alojamiento.

La señora, muy seria y distante, nos confirmo que viniéramos a las dos del mediodía.

Decidimos ir a la playa hasta la hora del encuentro. Bajamos a la playa de Lapad y nos encontramos con una playa tipo cala, de aguas tranquilas y infinitamente cristalinas. Se nos quitaron los malos humores al bañarnos en las deliciosas aguas de Dubrovnik.

A la vuelta, nos recibió la nuera de la reina de las puertas y nos dio la llave del apartamento con todas sus estancia completas y bastante más limpio que por la mañana, al fin.

Para comer quisimos repetir la experiencia culinaria de Ston y volvimos a ir a la Taberna Bota y volvimos a comer excelentemente.

A la vuelta, fuimos por fin a descubrir la encantadora ciudad de Dubrovnik con su puerto medieval, la ciudad antigua, protegida por la fortaleza Revelin, la catedral barroca, iglesias, los monasterios, los palacios, las fuentes y las casas de techos rojos. Estaba oscureciendo cuando llegamos y se nos convirtió en una ciudad más deliciosa si cabe, disfrutamos de todos los rincones de la ciudad, nos pareció todo muy chic y elegante. Buscamos la playa de Buza para tomar una copita en el famoso Bar enclavado en las rocas de la muralla con vistas al mar. Tuvimos que atravesar la muralla y encontramos el Bar. Nos dejamos seducir por el ambiente, la música y por el enclave a la luz de la luna casi llena. Impresionante y altamente recomendable!

Para cenar elegimos el famoso restaurante del puerto: Konoba Lokanda Peskanja en el que siempre hay colas. No tuvimos que esperar mucho rato para que quedara libre una mesa. La carta no es muy extensa pero sirven pescado fresquísimo y en gran cantidad a muy buen precio, además se sirven los platos en cazuelas, lo que le da un aire de originalidad. Pedimos un queso al aceite que estaba muy sabroso y pedimos otro para llevar, pues nos encantó. Lo mejor fue el precio: 294 kunas, un regalo.

Nos volvimos al apartamento para arrasar con el queso y un vinito, todo aderezado con vistas al mar y la luna de Dubrovnik!

 

07/09 Día-9 Dubrovnik ­ Bcn 15:05 (DBV) 17:15 (BCN).

Bien temprano estábamos en el casco antiguo para subir a las murallas que rodean la zona de Grad. Hay como 3 o 4 entradas a lo largo del recorrido y te cobran 50 kunas. El recorrido puede durar una hora o mas y es muy interesante pues se ven todos los tejados reconstruidos, la ciudad antigua y el mar. El sol era abrasador y decidimos bajar en la siguiente entrada/salida que estaba plagada de grupos que empezaron a subir, tuvimos suerte ya que estuvimos prácticamente solos en la visita. Al bajar dimos un ultimo paseo por el casco antiguo y lo encontramos lleno de cruceristas, cosa que restaba algo de encanto. La noche anterior lo disfrutamos más.

Llegó la hora de despedirnos e ir al aeropuerto para volver a casa con un puntual vuelo de Vueling.

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